miércoles, 21 de abril de 2010

Concilio Plenario de Venezuela

Documento Conciliar N° 11
"Instancias de Comunión del Pueblo de Dios para la Misión"

El Concilio Plenario de Venezuela, tiene como finalidad, mediante sus diversos documentos, renovar la vida según el mensaje de Jesucristo; hacer de los valores evangélicos savia y fermento de una nueva sociedad; favorecer en los fieles cristianos la coherencia entre la fe y la vida; superar en todas partes las injusticias y fallas sociales; fomentar la dignidad humana y una recta vida familiar, laborar política y económica.
En ese sentido, el Documento Conciliar N° 11 “Instancias de comunión del Pueblo de Dios para la Misión”, hace un estudio sobre los organismos que forman parte de la Iglesia en nuestro país y se ilustra acerca de la realidad a la que se enfrenta en cuanto a la comunicación, unidad y fraternidad y se propone como desafío cultivar la comunión que debe existir entre las instancias que componen el Pueblo de Dios. 
Nota: La primera parte de esta presentación contiene una breve introducción a lo que significa el Concilio Plenario de Venezuela, continuando con una explicación del Documento Conciliar N° 11, mencionado en la parte posterior de esta entrada.

CARTA DE UNA COMUNIDAD A SU SACERDOTE

Sacerdote:
Eres elegido por Dios (Mc. 3, 13; Jn. 15, 16) para representarlo ante los hombres (Heb. 5, 1). Él nos alimenta a través de ti (Mc. 6, 37), nos santifica a través de ti, nos guía por ti, nos corrige y nos anima, nos sana (Lc. 10, 9), nos perdona (Jn. 20, 23) y nos ama por medio de tu ministerio…
Eres el puente entre Dios y su nosotros. Llevas el tesoro de su gracia en vasija de barro (2 Cor. 4, 7): ¡Qué grande y que bueno es el Señor! ¡Qué grande es su fidelidad! ¡Qué grande es el misterio del Sacerdocio!: Cristo se sirve no sólo de tus virtudes, sino también de tus defectos…
Sólo te pedimos que seas fiel (1 Cor. 4, 2), que ames intensamente a Cristo y a la Iglesia (Cf. Ef. 5, 25-26), que obedezcas siempre al Espíritu Santo (Cf. Hch. 5, 29-32; 1 Pe. 1, 2), que seas un modelo para nosotros (1 Pe. 5, 2-3) y que lleves tu cruz con alegría (Lc. 14, 27). Nosotros te vamos a ayudar con nuestra oración y con nuestros cuidados, con nuestra comprensión y obediencia (Cf. Heb. 13, 17).
Te pedimos perdón por las veces en que te hemos criticado y desobedecido, por las veces en que no hemos querido caminar en la fe contigo… por las veces en las que hemos hecho tu carga más pesada.
Alabamos al Señor por ti; bendecimos al Señor por tu vocación; agradecemos a Dios por tu respuesta; Exultamos a Yahweh por tu sacerdocio.
Gracias hermano (Cf. Heb. 2, 11-12.17)…

domingo, 18 de abril de 2010

¡Qué grande y que hermosa es nuestra Iglesia!


Estimados lectores, permítanme compartir con ustedes este texto de San Justino, quien murió mártir hacia el año 165 de nuestra era,  referente a la celebración de la Eucaristía.
¡Qué maravilloso saber que cuando celebramos la Santa Misa, estamos celebrando nuestra fe de la forma más pura, ya que estamos conservando el hermoso depósito de la fe confiado a los apóstoles!¡Ya en el siglo II se celebraba la Santa Misa tal como la celebramos HOY!...
Fíjense bien en la estructura de la Eucaristía: ¡Es la misma que tenemos en nuestras Misas hoy en día!
NOTA: Las negrillas en el texto la hemos colocado nosotros...

sábado, 3 de abril de 2010

La Muerte de Jesús y nuestra muerte:

Jesús murió en la cruz para salvarnos (Hch. 4, 12; 5, 31; Rom. 3, 24). Él pagó con su sangre el precio de nuestra iniquidad. (Mt. 26, 28; Rom. 3, 25; Ef. 1, 7)

Jesús derramó su sangre en la cruz para lavarnos; más aún, desde nuestro bautismo hemos sido sepultados con Cristo al pecado (Cf. Rom. 6, 1-11). Lamentablemente nuestra falta de fe hace que no abramos nuestro corazón a Jesús y por ende, que no nos dispongamos a seguirle a Él con nuestros pensamientos, palabras y acciones.

viernes, 19 de marzo de 2010

El Misterio de la Encarnación del Verbo en la Evangelización

El misionero no anuncia una teoría ni una ideología. Anuncia la Vida de Dios revelada en Jesús de Nazaret. Por eso, al hablar de Dios ha de estar presente la comunicación de la experiencia que del mismo tenga el misionero. Dicha experiencia se apoya en su concepción de Dios y se manifiesta en su manera de relacionarse con Él. Eso lo lleva a transmitir con palabras y hechos una imagen concreta de Dios a todos sus interlocutores. Esta imagen que transmite el misionero es básica para que el evangelizado comience un itinerario de conocimiento de Dios y de crecimiento en el seguimiento de Cristo. Esto conduce a reflexionar sobre el Dios de nuestra experiencia relacional, que es a su vez el Dios de nuestra predicación:

Debido a la influencia de las implicaciones humanas y sociales, para muchos, Dios es un SUPER SER REMOTO: universal, poderoso, soberano, distante, causa primera de todas las cosas, un ser dentro del cosmos que no se relaciona con el mundo, más aún, un ser con el que se necesita un intermediario para poder alcanzar algo de Él; el culto que se le rinde se orienta entonces hacia la ‘fuga mundi’.

jueves, 2 de abril de 2009

El incomprensible amor de Dios (Parte II)

En la primera parte decíamos que Dios nos ama a través de la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Decíamos además que el sufrimiento es camino hacia la intimidad con Dios...
¿Y por qué? porque cuando sufrimos nos humillamos: es en los momentos de dolor cuando reconocemos que no somos dueños absolutos de nuestra vida ni de la de los demás; es ahí cuando recapacitamos y nos percatamos que hay Alguien que tiene el poder sobre nosotros, sobre nuestra existencia... Alguien en quien vivimos, nos movemos y existimos (Hch. 17, 28). En otras palabras, cuando sufrimos mostramos apertura hacia Dios; más aún, cuando sufrimos es cuando más nos parecemos a Aquél que por nosotros murió en la cruz.

Esa es una de las razones por las que nuestros padecimientos no son arrancados súbitamente de nuestra vida -como quisiéramos nosotros-; más bien son un medio por el que Dios nos educa para que seamos perfectos como Él es perfecto (Mt. 5, 48), ya que el sufrimiento nos obliga a doblegarnos ante quien es TODOPODEROSO.

viernes, 27 de marzo de 2009

El incomprensible amor de Dios (Parte I)

Cuando pensamos en el amor de Dios por nosotros inmediatamente lo asociamos con todo aquello que es bonito, agradable, placentero... cuando estamos bien, nos "sentimos" amados por Dios. Más aún, cuando las cosas no andan bien, cuando pasamos por un dolor, un sufrimiento, pensamos que Dios se olvidó de nosotros, que no nos escucha...

Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos desconciertan cuando nos dicen que Dios Padre entregó a su único Hijo para nuestra salvación (Cfr. Jn. 3, 16): El amor de Dios es oblativo, ya que no escatimó el sacrificio del tesoro inapreciable de su Unigénito. Jesús murió en la cruz por nosotros. La cruz de Jesús se nos presenta entonces como la mayor prueba de que Dios nos ama.