sábado, 3 de abril de 2010

La Muerte de Jesús y nuestra muerte:

Jesús murió en la cruz para salvarnos (Hch. 4, 12; 5, 31; Rom. 3, 24). Él pagó con su sangre el precio de nuestra iniquidad. (Mt. 26, 28; Rom. 3, 25; Ef. 1, 7)

Jesús derramó su sangre en la cruz para lavarnos; más aún, desde nuestro bautismo hemos sido sepultados con Cristo al pecado (Cf. Rom. 6, 1-11). Lamentablemente nuestra falta de fe hace que no abramos nuestro corazón a Jesús y por ende, que no nos dispongamos a seguirle a Él con nuestros pensamientos, palabras y acciones.

viernes, 19 de marzo de 2010

El Misterio de la Encarnación del Verbo en la Evangelización

El misionero no anuncia una teoría ni una ideología. Anuncia la Vida de Dios revelada en Jesús de Nazaret. Por eso, al hablar de Dios ha de estar presente la comunicación de la experiencia que del mismo tenga el misionero. Dicha experiencia se apoya en su concepción de Dios y se manifiesta en su manera de relacionarse con Él. Eso lo lleva a transmitir con palabras y hechos una imagen concreta de Dios a todos sus interlocutores. Esta imagen que transmite el misionero es básica para que el evangelizado comience un itinerario de conocimiento de Dios y de crecimiento en el seguimiento de Cristo. Esto conduce a reflexionar sobre el Dios de nuestra experiencia relacional, que es a su vez el Dios de nuestra predicación:

Debido a la influencia de las implicaciones humanas y sociales, para muchos, Dios es un SUPER SER REMOTO: universal, poderoso, soberano, distante, causa primera de todas las cosas, un ser dentro del cosmos que no se relaciona con el mundo, más aún, un ser con el que se necesita un intermediario para poder alcanzar algo de Él; el culto que se le rinde se orienta entonces hacia la ‘fuga mundi’.

jueves, 2 de abril de 2009

El incomprensible amor de Dios (Parte II)

En la primera parte decíamos que Dios nos ama a través de la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Decíamos además que el sufrimiento es camino hacia la intimidad con Dios...
¿Y por qué? porque cuando sufrimos nos humillamos: es en los momentos de dolor cuando reconocemos que no somos dueños absolutos de nuestra vida ni de la de los demás; es ahí cuando recapacitamos y nos percatamos que hay Alguien que tiene el poder sobre nosotros, sobre nuestra existencia... Alguien en quien vivimos, nos movemos y existimos (Hch. 17, 28). En otras palabras, cuando sufrimos mostramos apertura hacia Dios; más aún, cuando sufrimos es cuando más nos parecemos a Aquél que por nosotros murió en la cruz.

Esa es una de las razones por las que nuestros padecimientos no son arrancados súbitamente de nuestra vida -como quisiéramos nosotros-; más bien son un medio por el que Dios nos educa para que seamos perfectos como Él es perfecto (Mt. 5, 48), ya que el sufrimiento nos obliga a doblegarnos ante quien es TODOPODEROSO.

viernes, 27 de marzo de 2009

El incomprensible amor de Dios (Parte I)

Cuando pensamos en el amor de Dios por nosotros inmediatamente lo asociamos con todo aquello que es bonito, agradable, placentero... cuando estamos bien, nos "sentimos" amados por Dios. Más aún, cuando las cosas no andan bien, cuando pasamos por un dolor, un sufrimiento, pensamos que Dios se olvidó de nosotros, que no nos escucha...

Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos desconciertan cuando nos dicen que Dios Padre entregó a su único Hijo para nuestra salvación (Cfr. Jn. 3, 16): El amor de Dios es oblativo, ya que no escatimó el sacrificio del tesoro inapreciable de su Unigénito. Jesús murió en la cruz por nosotros. La cruz de Jesús se nos presenta entonces como la mayor prueba de que Dios nos ama.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Para Reflexionar...

"Que nuestra vida tenga su centro en nuestro interior, donde Cristo habita, y que nuestros actos sean reflexivos y nuestras obras según los dictados de la razón; pero de tal forma que no confiemos excesivamente en nuestros actos ni nos fiemos excesivamente de nuestras simples reflexiones." 
(San Bernardo abad, sermón 5)